Bhagavad Gita, Capitulo 5 y 6 india 600 a.c. Porque la victoria lograda por el hombre de saber es también ganada por el hombre de acción correcta.
Capítulo 5
La renuncia y el yoga de la acción sagrada
Los hombres ignorantes, mas no así los sabios, afirman que sankhya[64] y yoga son vías diferentes; pero aquel que se entrega con toda su alma a una alcanza el final de las dos
Quien gobierna su alma, abandona toda acción a su mente, asentándose en la dicha de quietud del castillo de las nueve puertas de su cuerpo: no realiza acciones egoístas ni es causa de que otros las realicen.
No se ve atado por los objetos externos, y halla contento en su interior. Su alma es una en Brahman, y alcanza la dicha eterna
ARJUNA
1. Alabas, ¡oh Krisna!, el renunciamiento[62], y también el yoga de la acción sagrada[63]. De entre estas dos, dime cuál es verdaderamente la vía más elevada.
KRISNA
2. Tanto el renunciamiento como la acción sagrada constituyen una vía hacia lo Supremo; no obstante, mejor que la entrega de la acción es el yoga de la acción sagrada.
3. Sábete que un hombre que renuncia de verdad es aquel que ni ansía ni odia; pues quien está por encima de los dos contrarios pronto encuentra su liberación.
4. Los hombres ignorantes, mas no así los sabios, afirman que sankhya[64] y yoga son vías diferentes; pero aquel que se entrega con toda su alma a una alcanza el final de las dos.
5. Porque la victoria lograda por el hombre de saber es también ganada por el hombre de acción correcta. Ciertamente ve la verdad el hombre que percibe que la visión y la creación son una misma cosa.
6. Mas el renunciamiento, ¡oh Arjuna!, es difícil de alcanzar sin el yoga de la acción. Cuando el sabio es uno en yoga pronto es uno en Dios.
7. No hay obra alguna que manche al hombre que es puro, que se halla en armonía, que es dueño de su vida, y cuya alma es uno con el alma de todo.
8- «No realizo acción alguna», piensa el hombre que se halla en armonía y ve la verdad.
9- Pues al ver u oír, al oler o tocar, al comer o andar, al dormir, al respirar, al hablar, al agarrar o al relajarse, e incluso al abrir o cerrar sus ojos, recuerda: «Son los siervos de mi alma[65] quienes obran».
11. Ofrece todos tus actos a Dios, destierra todas las ataduras egoístas, y lleva a cabo tus actos. Ningún pecado puede mancharte, al igual que las aguas no manchan la hoja del loto.
12. El yogui actúa con vistas a la purificación del alma: destierra el apego egoísta, y así son únicamente su cuerpo o sus sentidos, o su mente o su razón, los que actúan.
13. Este hombre en armonía entrega el fruto de su acción y alcanza así la paz final: el hombre en desarmonía, impelido por el deseo, se halla apegado a los frutos, y permanece atado.
14. Quien gobierna su alma, abandona toda acción a su mente, asentándose en la dicha de quietud del castillo de las nueve puertas de su cuerpo: no realiza acciones egoístas ni es causa de que otros las realicen.
15. El Señor del mundo se halla por encima de los actos y operaciones del mundo, así como del resultado de tales actos; la acción de la naturaleza sigue, empero, su curso.
16. Las malas o buenas acciones de los hombres no son obra suya. La sabiduría se halla oscurecida por la inconsciencia, y ello les conduce a la deriva.
17. Mas para aquellos cuya ignorancia es purificada por la sabiduría del espíritu interior[66], esta actúa como sol y en su resplandor ven al Supremo.
18. Con su pensamiento en Él y siendo uno con Él, moran en Él, y Él es el final de su viaje. Alcanzan la tierra de no retorno, porque su sabiduría los ha purificado del pecado.
19. Contemplan con el mismo espíritu ecuánime y amoroso a un brahmin docto y santo, que a una vaca, a un elefante, a un perro o incluso al hombre que se alimenta de perros.
20. Quienes mantienen su mente siempre serena, alcanzan la victoria de la vida en este mundo. Dios es puro y siempre uno, y ellos son uno en Dios.
21. El hombre que ve a Brahman habita en Brahman: su razón[67] se muestra firme, despejada de toda ilusión. Cuando surge el placer, este no le afecta; ni se agita cuando llega el dolor.
22. No se ve atado por los objetos externos, y halla contento en su interior. Su alma es una en Brahman, y alcanza la dicha eterna.
23. Pues los placeres procedentes del mundo traen consigo futuros pesares. Vienen y van, son transitorios: no es en ellos donde el sabio encuentra su gozo.
24. Mas aquel que en esta tierra, antes de su partida, soporta las tormentas del deseo y la rabia, ese hombre es un yogui, ese hombre se halla en posesión de la dicha.
25. Posee gozo interior, contento interior, y ha encontrado la luz interior. Ese yogui alcanza el nirvana de Brahman: es uno con Dios y a Dios va.
26. Los hombres santos alcanzan el nirvana de Brahman: sus pecados se desvanecen, sus dudas se disipan, su alma se halla en armonía, su gozo está en la bondad de todo.
27. Porque la paz de Dios está con aquellos cuya mente y alma se hallan en armonía, libres de deseo e ira, conocedores de su propia alma.
27-28. Cuando el sabio del silencio, el Muni, cierra las puertas de su alma y, asentando su mirada interior entre las cejas, mantiene en paz y estable el flujo y reflujo de su respiración[68], y así, con la vida, la mente y la razón en armonía, disipados el deseo, el temor y la ira, acalla su alma ante la liberación final, en verdad ha alcanzado la liberación definitiva.
29. Él me conoce, Dios de los mundos que acepta las ofrendas de los hombres; Dios amigo de todo. Él me conoce y alcanza la paz.
Capítulo 6
La meditación
KRISNA
1. Aquel que actúa no por una recompensa terrenal, sino cumpliendo con la acción que ha de realizarse, ese es un sannyasi[69], un yogui, y no aquel que no enciende el fuego sagrado ni ofrece sacrificio santo.
2. Porque el sannyasi que renuncia es también el yogui de la acción santa; y ningún hombre puede ser un yogui si antes no abandona su voluntad terrena.
3. Cuando el sabio escala las cumbres del yoga, sigue la senda de la acción; mas cuando finalmente alcanza las cumbres del yoga, se halla en la tierra de la paz.
4. Y alcanza las cumbres del yoga cuando abandona su voluntad terrena, cuando no se halla atado por la acción de sus sentidos, ni tampoco por sus obras en la tierra.
5. ¡Álzate, pues! Y con ayuda de tu espíritu eleva tu alma: no permitas que decaiga. Pues tu alma puede ser tu amiga, pero también tu enemiga.
6. El alma del hombre es su amiga cuando mediante el espíritu él la ha conquistado; mas cuando un hombre no es señor de su alma, entonces esta se convierte en su propio enemigo.
7. Cuando su alma está en paz[70], él está en paz, y entonces su alma se halla en Dios[71]. En el frío o en el calor, en el placer o en el dolor, en la gloria o en el infortunio, él siempre está en Él.
8. Cuando, dichoso con la visión y la sabiduría, [el sabio] es dueño de su propia vida interior, su alma sublime establecida en lo alto, entonces es llamado yogui en armonía. Para él el oro, las piedras o la tierra son una misma cosa.
9. Él se ha elevado a las alturas de su alma. Y en paz contempla a sus familiares, compañeros y amigos, a los imparciales o indiferentes o a quienes le odian: a todos ellos los ve con la misma paz interior.
10. Cultive el yogui día tras día la armonía del alma: en lugar apartado, en profunda soledad, dueño de su mente, sin esperar nada, sin desear nada.
11. Encuentre un lugar puro y un asiento estable[72], ni muy alto ni muy bajo, cubierto con hierba sagrada, una piel y una tela por encima.
12. Acomódese en ese asiento y practique yoga para la purificación del alma: con la vida de su cuerpo y mente en paz; su alma en silencio ante el Uno[73].
13. Con el cuerpo, la cabeza y el cuello erguidos, instalados rectos e inmóviles; la mirada interior no inquieta, sino asentada y fija entre las cejas;
14. con el alma en paz, desterrado todo temor, afianzado en su voto de santidad[74], permanezca con la mente en armonía y su alma dirigida a mí, su Dios supremo.
15. El yogui que, dueño de su mente, ora de continuo en tal armonía de alma, obtiene la paz del nirvana, la paz suprema que se halla en mí.
16. El yoga es armonía. No es para quien come en exceso ni para quien come poco; tampoco para el que duerme poco, ni para quien duerme en demasía.
17. Armonía en la comida y el descanso, en el sueño y en la vigilia: perfección en todo cuanto uno hace. Ese es el yoga que proporciona la paz frente al dolor.
18. Cuando la mente del yogui se halla en armonía y encuentra el reposo en el espíritu que reside en su interior, alejados todos los deseos inquietantes, entonces él es un yukta, uno en Dios.
19. Entonces su alma es una lámpara cuya luz es firme, pues arde al abrigo de todo viento.
20. Cuando la mente se asienta en la quietud de la oración del yoga[75], y por la gracia del espíritu ve el espíritu y en él halla plenitud,
21. entonces el devoto conoce el gozo de la eternidad: una visión percibida por la razón mucha más allá de lo que los sentidos puedan percibir. Allí dentro mora y no se aparta de la verdad.
22. Ha encontrado el gozo y la verdad, una visión para él suprema. Allí dentro se halla firme: el mayor de los dolores no le afecta.
23. En esta unión del yoga hay libertad: una liberación frente a la opresión del dolor. Este yoga debe seguirse con fe, provistos de un corazón fuerte y valeroso.
24. Cuando todos los deseos se hallan apaciguados, y la mente, retirándose adentro, reúna a los múltiples sentidos errantes en la armonía del recuerdo,
25. entonces, con la razón armada de resolución, guíe el devoto su mente sosegada hacia el interior del espíritu, silenciando así todos sus pensamientos.
26. Y cada vez que la mente inestable e inquieta se extravíe alejándose del espíritu, tráigala de nuevo una y otra vez hacia este.
27. Es así como la dicha suprema adviene al yogui cuyo corazón es firme, cuyas pasiones han sido apaciguadas; que se halla limpio de pecado y es uno con Brahman, con Dios[76].
28. El yogui que, limpio de pecado, ora en todo momento en esta armonía del alma, pronto siente el gozo de la eternidad, la dicha infinita de la unión con Dios.
29. Él se ve a sí mismo en el corazón de todos los seres[77], y a todos los seres en su corazón. Esa es la visión que de la armonía tiene el yogui; una visión que es siempre una.
30. Y cuando me ve en todo y todo lo ve en mí, entonces nunca le abandono y él nunca me abandona.
31. Aquel que, en esta unidad de amor, me ama en todo cuanto ve, doquiera que viva, en verdad ese hombre vive en mí.
32. Y el más grande de los yoguis es aquel cuya visión es siempre una: cuando el placer y el dolor de los otros es su propio placer y dolor.
ARJUNA
33. Me has hablado, ¡oh Madhusudana!, de un yoga en constante unidad, de una comunión que es siempre una. Mas la mente es inconstante; no logro hallar descanso en medio de su agitación.
34. La mente, ¡oh Krisna!, es inquieta, impetuosa, obstinada, difícil de domar: llegar a dominar la mente se antoja tan difícil como lograr someter a los vientos procelosos.
KRISNA
35. Cierto es, ¡oh hijo de Kunti! Que la mente es inquieta y en verdad difícil de adiestrar. No obstante, mediante la práctica y la liberación frente a las pasiones, sin duda la mente puede domarse.
36. Cuando la mente no se halla armonizada, esta comunión divina es difícil de alcanzar; pero el hombre cuya mente se halla en armonía, si es sabio y esforzado, la alcanza.
ARJUNA
37. Y si un hombre se esfuerza y fracasa en alcanzar el objetivo del yoga, pues su mente no está en yoga, y aun así ese hombre tiene fe, ¿cuál es su final, oh Krisna?
38. ¿Acaso alejado de la tierra y el cielo, errante entre los vientos sin rumbo, se desvanece como una nube en el aire, no habiendo hallado la senda de Dios?
39. Ilumina mi oscuridad, ¡oh Krisna!: sé para mí una luz. Pues ¿quién si no tú puede disipar esta duda?
KRISNA
40. Ni en este mundo ni en el venidero perece ese hombre; pues quien hace el bien, hijo mío, nunca transita el sendero de la muerte.
41. Habita por años innúmeros en el cielo de los que hicieron el bien; y luego, ese hombre que no llegó a alcanzar el yoga es nacido de nuevo en casa de gente buena y próspera.
42. Es posible incluso que nazca en una familia de yoguis, donde brille la sabiduría del yoga; mas nacer en familia tal rara vez acontece en este mundo.
43. Comienza así su nueva vida con el saber de una vida anterior; y empieza de nuevo a esforzarse, siempre adelante hacia la perfección.
44. Pues su anterior aspiración y empeño le conducen irresistiblemente hacia adelante; e incluso el que simplemente aspira al yoga llega más allá de lo escrito en los libros.
45. Y así, el yogui siempre afanoso y con el alma limpia de pecado alcanza la perfección a través de muchas vidas, y llega al fin supremo.
46. ¡Sé pues, oh Arjuna, un yogui! Pues el yogui va más allá de quienes siguen la vía de la austeridad[78], la sabiduría[79] o la acción[80].
47. Y de entre todos los yoguis, el más grande es aquel que se muestra lleno de fe en su corazón y me ama con toda su alma.
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