India, BHAGAVAD GITA, Capitulo 1 y 2, anonimo 600 a.c.

BHAGAVAD GITA,

Es parte del texto épico Mahábhárata (Hinduista, posiblemente del siglo III a. C.). Consta de 700 versos. 

El Bhagavad-gītā recibe también el nombre de Gītopaniṣad (Guita upanishad) y a veces Iogopanishad (Yoga-upanishad), dando a entender así su estatus equivalente al de una Upanishad, es decir, de escritura vedántica.9​  El Guitá representa un resumen de las enseñanzas upanishádicas, siendo llamado también «la Upanishad de las Upanishads».1

Basándose en las diferencias entre los estilos poéticos, algunos especialistas del tema han señalado que el Bhagavad-gītā se añadió al Majabhárata en una fecha posterior (o sea, después del siglo III a. C.). 

El Bhagavad-gītā se desarrolla en el capítulo «Bhismá-parva» del Majabhárata y consta de 18 capítulos, del 25.º al 42.º, con un total de 700 versos.

 En el primer capitulo presenta las caracteristicas del Samkhya y el yoga. 

En el Samkhya  afirma que la corrupción se derrota sin necesidad de batalla física y muerte porque cuando muere alguien de la familia y las costumbres se desordenan, la sociedad se descuida, el valor de la mujer la corrompe y usando la mujer aumenta la corrupción.

En el Yoga coincide el espíritu en la india con la mente en Egipto, es eterno es lo real, por eso en el espíritu esta la familia real, las costumbres reales, cuando el cuerpo fallece el espíritu continua en forma eterna. Para alcanzar el espíritu y lo eterno debemos ser sabios usar la razón así conocemos lo real. El que no pretende ser sabio solo conoce lo irreal.

La mente es más allá del pensamiento, eso se logra con la determinación y sin buscar recompensas, los que tienen afanes personales, placer y poder es falto de determinación y no llega a la mente permanece en lo irreal en un desorden no unido de  lo físico, emocional y mental. Los sentidos interrumpe hasta el mas sabio. La ruina de la razón conduce al hombre a la destrucción.

La ruina de la razón conduce al hombre a la destrucción.

 

BHAGAVAD GITA

Capítulo 1

EL DESALIENTO DE ARJUNA


DHRITA-RASHTRA

 

1.         En el campo de la verdad[2], en el campo de batalla de la vida[3], ¿qué aconteció, Sanjaya, cuando mis hijos y sus guerreros se enfrentaron a los de mi hermano Pandu[4]?

 

SANJAYA

 

2.         Cuando tu hijo Duryodhana vio los ejércitos de los hijos de Pandu, se fue hacia su maestro en el arte de la guerra y le dirigió estas palabras:

 

3.         Contempla, oh acharya[5], el vasto ejército de los Pandavas dispuesto en orden de batalla por el hijo de Drupada, tu propio alumno aventajado.

4.         Se divisan guerreros heroicos y potentes arqueros, tan grandes que igualan en batalla a Bhima y Arjuna[6]: son Yuyudhana y Virata y el rey Drupada, de gran carro.

5.         Y Dhrishta-ketu de firme estandarte, y Chekitana, rey de los Chedis. También se divisa al heroico rey de Kasi, y a Purujit conquistador, y a su hermano Kunti-bhoja, y a Saibya, preeminente entre los hombres. A Yudhamanyu el aguerrido y a Uyyamaujas victorioso; a Saubhadra, hijo de Arjuna, y a los cinco príncipes de la reina Draupadi. Contémplalos a todos en sus carros de guerra.

 

 

(600 a.c . jerarquía: Reina y sus cinco príncipes).

 

6.         Mas escucha seguidamente los nombres de nuestros guerreros más esforzados, comandantes de mi ejército. Los traeré a tu memoria.

7.         Estás tú mismo, mi maestro en la guerra, y también Bhishma, sabio y anciano. Está Karna, hermanastro y enemigo de Arjuna; y Kripa, vencedor de batallas. Está tu propio hijo Asvatthama, y también mi hermano Vikarna. Está Saumadatti, rey de los Bahikas.

 


8.        y muchos otros bravos guerreros dispuestos a entregar su vida por mí: todos pertrechados con múltiple armamento, todos maestros en el arte de la guerra.

9.        Más son limitadas nuestras fuerzas que comanda Bhishma. Incontables parecen sin embargo los ejércitos liderados por Bhima.

10.    ¡Apostaos, pues, todos a pie firme en la línea de batalla. Defendamos a nuestro caudillo Bhishma!

11.    Y he aquí que Bhishma, anciano y glorioso guerrero de los Kurus, para alentar a Duryodhana, lanzó su grito de guerra cual rugido de león e hizo resonar su concha en la distancia.

12.    Al punto, un redoble de tambores de guerra se unió al estruendo sobrecogedor de timbales y trompetas, y el estrépito de trompas y conchas llenó el cielo de un rugido pavoroso.

13.    A aquel desafío respondieron Krishna el Mandhava y Arjuna, hijo de Pandu, de pie en glorioso carro de blancos caballos, haciendo resonar también sus divinas conchas.


14.     Krishna[7], señor del alma, tocó su concha Panchajanya. Arjuna, conquistador de tesoros, hizo sonar su propia Devadatta[8]. Su hermano Bhima, de tremendas proezas, tocó su gran concha, Paundra.

15.     El mayor de los hermanos, Yudhishthira, hizo sonar a Anantaviyaja[9]; Nakula y Sahadeva tocaron a Sughosha y Manipushpaka[10].

16.     Y el rey de Kasi de potente arco, y Sikhandi de gran carro, Dhrishta-dyumna y Virata, y el invicto Satyaki;

17.     y el rey Drupada y los hijos de su hermana Draupadi; y Saubhadra, bravo hijo de Arjuna, desde todas partes hicieron sonar también sus conchas de guerra.

18.     Ante tan pavoroso estruendo retumbaron cielos y tierra, haciendo con ello temblar los corazones de Duryodhana y sus guerreros.


19.    Entonces Arjuna, cuyo estandarte portaba el símbolo del mono[11], contempló a Duryodhana y sus guerreros dispuestos en línea de batalla, y viendo ya volar los proyectiles, tomó su arco.

20.     Y así habló a Krishna:

 

ARJUNA

 

Conduce mi carro, ¡oh Achyuta!,[12] y sitúalo entre los dos ejércitos

21.     para que así yo pueda observar a esos hombres ávidos de batalla contra los que debo luchar al inicio de esta guerra;

22.     para que así yo pueda ver a los que, aquí reunidos, se hallan prestos a la lucha, ávidos de cumplir la voluntad del malvado hijo de Dhrita-rashtra.


 

 

SANJAYA

 

23.     Cuando Krishna hubo oído las palabras de Arjuna, condujo su carro glorioso y lo colocó entre ambos ejércitos.

24.     Y puesto enfrente de Bhishma, Drona y otros reales gobernantes, dijo: «Contempla, oh Arjuna, los ejércitos de los Kuros aquí reunidos en este campo de batalla».

25.     Vio entonces Arjuna ante sí en ambos ejércitos a padres, abuelos,

26.     hijos y nietos; suegros, tíos, maestros.

 

ARJUNA

 

27.     Cuando veo, ¡oh Krishna!, a todos mis parientes venidos aquí a este campo de batalla, hermanos, compañeros y amigos.

Al ver Arjuna a sus parientes enfrentados en ambas líneas de batalla, sintióse sobrecogido por el pesar y la desesperación, y así habló con el corazón afligido:

28.    la vida abandona mis miembros flaqueantes y mi boca se deseca; un temblor se apodera de mi cuerpo, y los cabellos se me erizan de pavor;

29.     mi gran arco Gandiva se resbala de mi puño, y arde mi piel. No logro mantenerme en pie, pues mi mente da vueltas y se tambalea.

30.     Veo funestos auspicios, oh Keshava, y no presagio gloria alguna si mato a mis propios parientes en el sacrificio de la batalla.

31.     Pues no albergo deseos de victoria, oh Krishna, ni ambiciono el reino o sus placeres. ¿Cómo querer un reino, oh Govinda, sus placeres, o aun la vida,

32.     cuando aquellos para quienes deseamos gozar el reino y los placeres de vivir, se hallan en este campo de batalla, renunciando a su vida y a sus riquezas?

33.     Ante nosotros en el campo de batalla hay instructores, padres e hijos; nietos, abuelos, cuñados, tíos y suegros


35.    a los cuales no estoy dispuesto a matar, ni aun a riesgo de ser muerto. Ni aun tratándose del reino de los tres mundos lo haría, oh Madhusudana: ¡cuánto menos por un reino terrenal!

 

(600. a.c. india Ni el reino terrenal, ni la vida se debe buscar entregando la vida en batalla. La corrupción se derrota de otra forma.)

 

 

36.     Si ejecutamos a estos hombres malvados, la misma maldad caerá sobre nosotros: ¿qué gozo hallaremos pues en su muerte, oh Janardana, incitador de almas?

37.     No puedo, pues, matar a mis propios parientes, hijos del rey Dhrita-rashtra, hermano de mi propio padre. ¿De qué felicidad disfrutaremos nunca, oh Madhava, si matamos en batalla a nuestra propia sangre?

38.     Aunque ellos, en sus mentes dominadas por la codicia, no vean mal alguno en la destrucción de una familia, ni pecado alguno en traicionar a los amigos,

39.     ¿acaso no debemos nosotros, que vemos el mal que acarrea tal destrucción, abstenernos de cometer tan terrible acción?

40.     La destrucción de una familia acaba con la integridad de sus rituales, y al extinguirse la integridad de los rituales, la indignidad[13] se adueña de la familia al completo.


41.      Y al prevalecer la indignidad, las mujeres pecan y se muestran corruptas; y cuando las mujeres se muestran corruptas, oh Varshneya, el resultado es la confusión de castas, el desorden social.

 

(india 600 a, c, Acabar con la familia, y las costumbres convierta a las personas indignas y corrompen a la mujer, la mujer corrompida destruye su entorno y la familia va al infierno)

 

42.      Es al infierno adonde este desorden conduce, tanto para la familia como para los causantes de su destrucción. Y los espíritus de los ancestros sufren y padecen al verse privados de sus ofrendas rituales.

43.      Esas malas acciones de quienes arruinan una familia, causantes de tal desorden social, destruyen la integridad del nacimiento, y la integridad de los ritos ancestrales.

44.      ¿Acaso no hemos oído decir que el infierno aguarda a aquellos cuyos ritos familiares pierden su integridad?

45.      ¡Oh día aciago! ¿Qué espíritu maligno dirigía nuestras mentes cuando por causa de un reino terrenal vinimos a este campo de batalla dispuestos a matar a nuestra propia gente?

46.      ¡Cuánto más me valiera que los hijos de Dhrita-rashtra, empuñando armas, me hallaran inerme, sin oponer resistencia, y me dieran muerte en el fragor de la batalla!


 

SANJAYA

 

47. Así habló Arjuna en el campo de batalla; y dejando caer arco y fechas, desplomóse dentro de su carro, el ánimo abrumado por el dolor y la desesperación.


 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 2

 

Mundo, ilusión y muerte

 

SANJAYA

 

1.         Alzóse entonces el espíritu de Krishna[14] y así habló a Arjuna, su amigo, quien, con ojos bañados en lágrimas, de tal modo se había hundido en la desesperanza y el dolor.

 

KRISHNA[15]

 

2.         ¿A qué viene este abatimiento exánime, oh Arjuna, en esta hora, la hora de la verdad? Los hombres bravos no conocen la desesperación, pues con ella no se ganan ni el cielo ni la tierra.

3.         No caigas en la debilidad degradante, indigna de todo hombre que se precie de serlo. Desecha ese innoble desánimo, oh Partha, y álzate cual fuego que arrasa cuanto halla a su paso.


 

ARJUNA

 

4.         Debo veneración a Bhishma y Drona, oh Madhusudana. ¿Acaso he de matar con mis flechas al hermano de mi abuelo, el gran Bhishma? ¿Serán en la batalla mis flechas las que acaben con la vida de Drona, mi instructor?

5.         ¿Acaso he de matar a mis propios maestros, quienes, si bien codiciosos de mi reino, son no obstante mis instructores sagrados[16]? Antes prefiero vivir una vida de mendicidad que ingerir regios manjares con sabor a su sangre.

6.         Ignoramos, además, qué será mejor para nosotros: si su victoria o la nuestra. Aquí ante nuestros ojos se alzan los hijos de mi tío y rey, Dhrita-rashtra. Tras su muerte, ¿desearemos seguir con vida?


7.        Siento desolación en la oscura noche de mi alma, y la autocompasión no me muestra el camino de la rectitud. Pues soy tu discípulo, a ti acudo suplicante: sé mi luz en la senda del deber[17],

8.         pues no hay reino en la tierra ni en el cielo de los dioses que logre mitigar el fuego de la pena que abrasa mi vida.

 

SANJAYA

 

9.         Habiendo descargado así su pecho, el gran Gudakesha, guerrero sin par, dijo a Krishna: «No lucharé, oh Govinda», y enmudeció.

10.     Rishikesha sonrió y, elevando su voz entre los dos ejércitos, así le habló:


 

KRISHNA

 

11.    Viertes lágrimas por quienes están más allá de ellas. ¿Son las tuyas palabras de sabiduría? Los sabios[18] no lloran por los muertos ni por los vivos, ya que vida y muerte son pasajeras.

12.    Pues todos hemos existido en todo tiempo: yo, tú, y esos reyes de los hombres. Y seremos en todo tiempo venidero, por siempre.

13.    Al igual que el alma encarnada pasa por la infancia, la juventud y la senectud, así también el espíritu pasa a un nuevo cuerpo: el hombre sabio no duda de que esto es así.

 

En los 1500 a.c. En Egipto afirma que la mente es eterna y el cuerpo perece, el mortal puede con entrenamiento alcanzar a la mente.

En los 600. a.c. En la india el espíritu es eterno y pasa de un cuerpo a otro.

El conocimiento es eterno esta en todo el mundo y los cuerpos perecen y con la razón alcanzamos lo que es eterno.

 

 

14.    Del mundo de los sentidos proceden, oh hijo de Kunti, el calor y el frío, el placer y el dolor. Van y vienen: son pasajeros. Aprende a remontarlos, oh descendiente de Bhárata.

15.    El hombre a quien esto no inquieta, cuya alma es una, más allá del placer y el dolor, es merecedor de la vida en eternidad[19].


16.   Lo irreal[20] nunca es; lo real[21] nunca deja de ser. Esta verdad la han visto quienes realmente perciben lo verdadero[22].

 

 

(En Egipto 1.500 a,c, lo real es la mente, el hombre que no cultiva su mente es como un ser irracional y se pierde en la corrupción, el que cultiva la mente llega a ser Dios en la tierra.

En Grecia los 3 primeros filósofos 600 a. c. herederos de Egipto, según los pequeños fragmentos que existen sobre ellos, su interese de conocimiento, buscan la verdad del principio de todo para ello usan  la razón.

600 ac. En la india el hombre sabio diferencia lo real, lo eterno ante lo irreal)

 

 

 

 

17.    Impregnando todo lo creado, el espíritu se halla más allá de la destrucción. Nadie puede acabar con el espíritu inmortal.

18.    Pues habita en estos cuerpos más allá del tiempo. Aunque a los cuerpos les llegue su hora, él permanece inmensurable, sempiterno. Así pues, sigue adelante, oh Bhárata, con tu lucha.

19.    Quien piensa que mata y quien piensa que es matado no conoce cómo actúa la verdad. Lo eterno en el hombre no puede matar: lo eterno en el hombre no puede morir.

20.    Jamás nace, jamás muere. Está en la eternidad: existe por siempre. Ingenerado y eterno, más allá del tiempo pasado o venidero, no sucumbe cuando el cuerpo perece.

21.    Cuando un hombre se sabe no creado, perdurable, inmutable y más allá de toda destrucción, ¿cómo va a matar a otro hombre, o ser causa de que alguien muera?

 

 

(La explicación de lo eterno en la india coincide con la explicación de mente en Egipto los dos perduran más allá del cuerpo.)

 

22.     Como la persona que deja a un lado los vestidos usados y se atavía con otros nuevos, así el espíritu deja a un lado su cuerpo mortal para revestirse de uno nuevo.

23.     Las armas no hieren al espíritu, y el fuego no puede quemarlo. Ni las aguas lo mojan ni los vientos lo resecan.

24.     Más allá del poder de la espada y el fuego; más allá del poder de las aguas y los vientos: el espíritu es eterno, omnipresente, invariable e inmutable, siempre Uno.

25.     Muéstrase invisible al ojo humano, más allá del pensamiento y el cambio. Conociendo, pues, su existencia, oh Arjuna, pon fin a tu aflicción.


26.     Y aun si este hubiera de nacer y morir una y otra vez, incluso entonces, ¡oh ser victorioso!, cumple que pongas fin a tu aflicción.

27.     Ya que en verdad todo lo que nace debe morir, y de la muerte procede la vida. Afronta lo que ha de ser y pon término a tu pena.

28.     Invisibles son todos los seres antes de nacer, e invisibles se tornan tras la muerte. Son manifiestos y luego inmanifiestos. Ante tal verdad, ¿qué lugar hay para lamentaciones?

29.     Hay quien ve el prodigio, y quien habla de él. Otros hay que lo oyen, mas nadie lo conoce.

30.     El espíritu que habita en todos los seres se muestra en todos inmortal: cesa, pues, oh Bhárata, de lamentarte por la muerte de lo que no puede morir.


31.    Piensa también en tu deber y no vaciles. No hay mayor bien para un Kshatriya[23] que batirse en justo combate.

32.     Existe una guerra que abre las puertas del cielo. ¡Dichosos los Kshatriyas cuyo destino es batirse en tal guerra!

33.     Renunciar a combatir por lo que es justo es renunciar al propio deber y honor: es caer en transgresión.

 

 

(Renunciar a combatir por lo que es justo es renunciar al propio deber y honor: es caer en transgresión).

 

 

34.     Los hombres proclamarán tu ignominia ahora y en tiempos venideros. Y para el hombre de honor, el deshonor resulta peor que la muerte.

35.     Los grandes guerreros dirán que el temor te hizo huir de la batalla, y quienes te tenían en gran estima hablarán de ti con desprecio.

36.     Tus enemigos se mofarán de ti con palabras desdeñosas y malintencionadas, vertiendo el descrédito sobre tu valor. ¿Puede haber destino más vergonzante para un guerrero?


37.    La muerte te dará gloria en el cielo; el triunfo, gloria en la tierra. Álzate, pues, ¡oh Kaunteya!,[24] con el alma presta a luchar.

38.     Disponte para la batalla con paz en tu alma. Mantente en paz en el placer y en dolor, en la conquista y en la pérdida, en la victoria o en la derrota. En tal paz no cabe pecado alguno.

 

 

Esto es SAMKHYA: una de las seis dárshanas o doctrinas clásicas del hinduismo. De entre todas ellas, el samkhia es posiblemente la más antigua. Inicialmente una escuela del pensamiento ateo.

En el hinduismo existen seis darśanas:

 

39.     Tal es la sabiduría[25] del sankhya, la visión de lo eterno. Escucha ahora la sabiduría del yoga, vía de lo eterno y liberación de las ataduras.

 Yoga: llega a lo eterno con la liberación e de ataduras, es el fin de su DETERMINACION, Los que no tienen determinación se pervierten por afanes personales, placer y poder renacer solo en la tierra y no en lo eterno.

 40.     En esta vía ningún paso es en falso, y no hay peligros que acechen. Aun el más pequeño de los avances supone una liberación frente al miedo.

41.     Quien sigue esta vía tiene un único pensamiento, y ese es el fin de su determinación. Muchas e interminables son, por el contrario, las ramificaciones en los pensamientos del hombre falto de determinación.

42.     Hombres hay carentes de visión, que no obstante se prodigan en palabras: siguen los Vedas al pie de la letra, y así dicen: «Esto es todo lo que hay».


43.    Su alma se halla pervertida por afanes personales, y su cielo consiste en un deseo egoísta. Dirigen oraciones a fin de hallar placer y poder, y la recompensa a todo ello es el renacer en la tierra.

44.     Quienes aman el placer[26] y el poder, escuchan y siguen sus palabras: no poseen la determinación necesaria para ser uno con el Uno[27].

 

Los tres gunas de la naturaleza: Según el hinduismo, las gunas son las tres cualidades de las que está compuesto el universo:

1.   satuá (bondad contemplativa, inteligencia)2

2.   rayas (pasión activa, energía)2​ y

3.   tamas (ignorancia inerte).

 

Son elementos inseparables que se combinan en diferentes proporciones para formar los objetos materiales.2 Cada uno de ellos no puede existir sin los otros. Se hallan presentes en los distintos grados de la materia burda y sutil, incluyendo la mente y la energía del universo. Estas cualidades se mueven en el nivel físico, emocional y mental, en todo el universo ―denominado prakriti (‘naturaleza’) o maiá (‘ilusión’)― pues abarcan todo lo existente.

 

45.     Los tres gunas de la naturaleza[28] constituyen el mundo de los Vedas. ¡Álzate por encima de los tres gunas, oh Arjuna! Instálate en la verdad eterna, más allá de los opuestos terrenales. Más allá de las ganancias y las posesiones, conviértete en poseedor de tu propia alma[29].

46.     El mismo uso presta un pozo de agua en lugar anegado, que todos los Vedas al conocedor de lo Supremo.

47.     Pon tu ánimo en la acción[30], mas nunca en su recompensa. Actúa sin pensar en la retribución; mas no ceces en el cumplimiento de tu labor.

48.    Desempeña tu obra en la paz del yoga[31] y, libre de deseos egoístas, no permitas que el éxito o el fracaso te perturben. Yoga es ecuanimidad mental, una paz que permanece siempre la misma.

49.     La acción realizada con ánimo de recompensa es inferior en mucho a la acción que se realiza en el yoga de la sabiduría[32]. Busca, pues, la salvación en el saber de la razón. ¡Cuán pobres quienes obran para hallar recompensa!

50.     Instalado en el conocimiento[33], un hombre va más allá de lo bueno y lo malo. Así pues, dirige tus pasos hacia la sabiduría, ya que yoga es el saber en acción.

51.     Quienes han visto y se han unido al saber, renuncian a los frutos de sus acciones, y, libres de las ataduras del nacimiento, encaminan sus pasos hacia la morada de la salvación[34].

52.     Cuando tu mente deje atrás el oscuro bosque del engaño y la ilusión, habrás superado las escrituras de los tiempos pasados y venideros.

53.    Cuando tu mente, acaso fluctuante en medio de las contradicciones de muchas escrituras, se mantenga inquebrantable e instalada en la divina contemplación[35], entonces habrás hecho tuya la meta del yoga.

 

ARJUNA

 

54.     ¿Cómo es el hombre de saber reposado, que mora en divina contemplación? ¿Cuáles son sus palabras? ¿Cuál su silencio? ¿Cuáles sus obras?

 

KRISHNA

 

55.     Cuando un hombre abandona todos los deseos que afluyen a su corazón, y por la gracia halla el gozo de Dios, entonces su alma encuentra verdaderamente la paz.

56.     Aquel cuya mente no se ve perturbada por los pesares, y no siente anhelo de placeres; aquel que ha vencido la pasión, el temor y la ira, ese es un sabio de mente estable[36].


57.    Aquel que en todo lugar se halla libre de ataduras; que no   experimenta ni regocijo ni pesar cuando la fortuna le sonríe o le da la espalda; ese posee una sabiduría serena[37].

58.     Y cuando en recogimiento, cual tortuga que repliega sus miembros, repliega sus sentidos[38] de la atracción que ejercen los placeres, entonces la suya es una sabiduría serena.

59.     Los placeres de los sentidos, mas no así los deseos, desaparecen del alma austera. E incluso los deseos desaparecen cuando el alma ha contemplado lo Supremo.

60.     La inquieta violencia de los sentidos arrastra impetuosa incluso la mente del sabio que se esfuerza por alcanzar la perfección.

61.     Debe, pues, reunirlos en la armonía del recuerdo y, sentándose en unión y devoción, dejar que su alma encuentre el reposo en mí. Pues cuando los sentidos se hallan en armonía, la suya es una sabiduría serena.

62.     Cuando un hombre habita en los placeres de los sentidos, surge en él la atracción por estos. De la atracción surge el deseo, el ansia de posesión, y esta conduce a la pasión, a la ira.


63.    De la pasión procede la confusión mental, y de esta, la pérdida de la memoria, el olvido del deber. De dicha pérdida resulta la ruina de la razón, y la ruina de la razón conduce al hombre a la destrucción.

64.     Mas el alma que, moviéndose en el mundo de los sentidos, mantiene no obstante sus sentidos en armonía, libres de atracción y aversión, esa encuentra el descanso en la quietud[39].

65.     En tal quietud se disipa la carga de los pesares, pues cuando el corazón halla la quietud, también la sabiduría encuentra la paz.

66.     No existe sabiduría para el hombre sin armonía[40], y sin armonía no hay contemplación[41]. Sin contemplación no puede haber paz[42], y sin paz ¿puede acaso haber dicha[43]?

67.     Pues cuando la mente se ata a una pasión de los volátiles sentidos, dicha pasión arrastra consigo a la sabiduría del hombre, al igual que el viento arrastra una embarcación sobre las olas.

68.     Así pues, el hombre que en recogimiento retira sus sentidos de los placeres de los sentidos, posee una sabiduría serena.

69.    En medio de la noche oscura de todos los seres despierta a la luz el hombre sosegado. Y lo que para los otros seres es día, para el sabio que ve es noche.

70.     Y como el océano que, aun recogiendo todas las aguas, no por ello se desborda, así también el sabio siente deseos, mas es siempre uno en su paz infinita.

71.     Pues aquel que abandona todo deseo y renuncia a todo orgullo de posesión e importancia personal alcanza la meta de la paz suprema.

72.     Esto es lo eterno en el hombre, oh Partha. Una vez alcanzado, toda ilusión se desvanece. Aun en la última hora de su vida sobre la tierra, el hombre puede alcanzar el nirvana de Brahman, puede hallar paz en la paz de Dios.


 

 

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